I Concurso Literario por un Sahara Libre!

Los secretos perdidos en el Sahara…

¡Hay tantas maravillas recónditas en este universo!

Yo atesoro una de ellas en los recuerdos de mi alma… Es un largo tan bello que me da miedo hasta relatároslo, no vaya ser que se quedé pasmado en palabras y se borre de mi agraciada memoria.

Llegué a él por error; El susurro melancólico del viento contra las dunas creo que me embrujó. Había tantas que mi mirada se perdía entre la arena, apreciando la forma de luna que las llamadas barhan exhibían.

¿Y las caravanas que no paran? Hombres de bien por el desierto navegan, ¡Y es increíble todo lo que aquellos pobres sobrellevan! El cielo en fuego se torna y el calor abrasa hasta la piel más bella… El agua escasea, pero… ¿Saben que?  ¡Ellos resisten cuanto venga!

Pero aquello no fue lo que impactó en mi alma. Y si queréis saber lo que enterneció mi ser tendréis que visitar el mismísimo Sahara, porque las palabras no expresan con claridad lo que allí te aguarda.

Aunque os hablaré un poco de Smara, yo la llamo la ciudad de las lágrimas. Pero no piensen mal, amigos, es una ciudad santa donde las sonrisas el territorio entero abarcan.  Debes tener cuidado si no quieres perderte entre jaimas, pero si te pierdes, tranquilo; no pasa nada. Hay hermosos ojos que te observan con atención, te abren las puertas de su alma y estiran sus brazos para recibirte con buena gana… ¿Sabes que es lo más curioso? Que esos ojos acuosos y esas sonrisas perdidas, no poseen nada. Pero aun así, ¡Te  regalan hasta su alma!

¿No es increíble que alguien que no posee nada te regale lo más profundo de su ser? ¡Ah, y tú con esa mochila repleta que no sueltas, sinvergüenza! Yo me pregunto… ¿Por qué unos tanto y otros tan poco?

Resulta que un niño me hechizó con su mirada; Unos ojos profundos que emanaban la paz más absoluta. Y cuando me senté junto a él, susurró en mi quemada piel: A mi madre se la llevó ayer un ángel de la guarda, ¿Crees que también regresará a por mí?

¡Oh, amigos! ¿Cómo no querer a aquellos que dan sin recibir nada?

¿Y por contaros lo que vi recibiré yo algo? Quédenselo ustedes, o ayuden a ese niño que cautivó mi alma; Creo que la pesadumbre me ha robado su mirada.

Autora: Haizea López Martínez

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