I Concurso Literario por un Sahara Libre!

Pueblo de sonrisa eterna y corazón de plomo

Han trascurridos tres años desde mi paso por Dajla.

Los momentos aunque permanecen en mi retina como momentos dulces, transcurridos los meses, no dejan de transportarme al mismo instante en que los viví. Ciertamente es un cúmulo de sinsabores, en los cuales vives dos realidades paralelamente. La vives como coraza ante la cruda realidad.

La realidad que asoma cada mañana cuando aviva el sol, cuando divisas el horizonte, bello horizonte, de los más bellos posibles, pero al fin y al cabo horizonte, obligado y desértico horizonte.

Se superponen los momentos vividos en Dajla, entre saharauis con mi realidad, en mi cotidianidad, con mi gente. Los momentos auténticos de gente necesitada de un futuro tangible o dúctil en un presente duro, pero resistido con verdadera dignidad.

 

Todas las dificultades que se derivan de vivir en el desierto, todas las dificultades de vivir a tanta distancia de las comodidades, todas las dificultades por parte de Argelia, todas las injusticias e inmoralidades por parte del Gobierno de Marruecos.

En definitiva, solo dificultades. Así es el Sahara, de un puñado de arena, de unas aguas sumergidas por el olvido del mundo, te enseñan más que mil tizas entre pizarras de consentimiento occidental.

Debo ser parte de ese olvido, de esa pala llena de arena que entierra las pocas letras de un grito que llega inanimado. Que Argelia, España, Marruecos yla Comunidad Internacionalse han encargado de acabar de estrangular, de esa falta de aire, de esa asfixia en forma de campamento, en forma de supervivencia, en posiblemente uno de los peores escenarios posibles.

Vivido con intensidad y certeza, no muestra dudas. Es tan transparente como la sonrisa de un niño saharaui, tan bello como dos ojos negros, duros como el desierto y arenosos como su futuro.

Lo vivido en Dajla en pleno desierto saharaui son momentos que vuelven a vivirse y a sentirse de modo solitario. Con aires de culpabilidad por no poder actuar ante tanta función, y hacer de mi silencio mi actuación estelar.

Del olvido de todos nosotros, los que nacimos, los que asentimos y los que aún no éramos ni concebidos, ni conocidos, ni obedecidos por nuestros líderes.
Esos líderes de pies de fango, de una arcilla incapaz de modelar ni una pequeña esperanza para el pueblo saharaui.

Los momentos auténticos son vividos y retenidos por mi retina hasta el día de hoy, en la distancia, y son únicos por mi pasaporte, por mi visita como aquel turista accidental con conciencia concebida para olvidar, y si al menos no para olvidar, sí para callar o susurrar mi protesta.

Momentos únicos para mi persona, repetidos por las personas dejadas allá, olvidados ante el paso del tiempo, pero el susurro permanece, no es silencio.

No pasa ni un día que al menos no tenga un solo fotograma de aquellas gentes, de aquel olor a nada, a silencio.
No pasa ni un día, que quisiera hacer mía alguna lágrima, algún “lo siento” de cómo no poder hacerlo mejor, pero ya no soy yo, recuerdo mi consentimiento occidental.

Debo ser parte de ese fango, de ese barro que ha sido modelado por aquellos, a los lideres me refiero, que di mi si incondicional, aún sin haber sido concebido…

Pero toca levantarse, toca apropiarse de la libertad.

La libertad, dícese de aquello que por ser intangible, nos falta tocarla, respirarla, pero a veces la vemos.

Cuesta, hay que apartar algún que otro hombro, girar alguna que otra cabeza, y quizás dar alguna que otra patada, pero se ve, puedo verla.

Llenamos nuestros pulmones de libertad hasta la extenuación para poder gritarla y casi desfallecemos al no oír respuesta, pero debe andar, no sé si cerca, pero anda.
La encuentras escasa, se diluye, y hasta desaparece y  se divide por momentos como meandros, pero se ve, puedo verla.

Se sumerge pero permanece como uadis en medio de un desierto.

De este desierto que cruza Túnez, Marruecos, Argelia, Sahara Occidental, Mauritania, Níger, Libia, Egipto y el Chad. 1610 kilometros.

Toca volver a ver el mar, al olor a salitre, al intercambio de las franjas verdes y negras. A la vuelta de los padres de la guerra, a la infancia en familia.

Al paso de una página de un libro interminable con final inacabado.

Pero toca levantarse, toca apropiarse de la libertad. Toca la lucha de generaciones, separadas por mares, ríos, pensamientos y lideres, pero unidos por una generación común, la generación de la libertad.

Toca levantarse y gritar , hasta que Sáhara sea libre.

aleikum as salaam, Sáhara.

Autor: Oscar esteban Sánchez

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2 pensamientos en “Pueblo de sonrisa eterna y corazón de plomo

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