II Concurso Literario por un Sahara Libre!

Gora bihotzak! (¡Arriba los corazones!). Besos para el muro del silencio

“He encontrado la solución para el conflicto del Sahara Occidental”, llegó el eco a una casa nacida con los ingredientes de la tierra de los campamentos de refugiados. En la wilaya de Smara se pudo leer: “La paciencia de los saharauis ha llegado al límite”. La delgada línea roja del conflicto y la de la paciencia es la misma. Es un filo de navaja por el que respira el pueblo de Fale. Sobre la cuchilla se seccionan las plantas de los pies mientras caminan en buscar la solución. En su andar sangran rojo de la bandera de la primera proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática de 1976.

Plantas de los pies que ven que no avanzan, como las curiosamente igual llamadas plantas, en el desierto. Hay flores contadas en la resonancia de las últimas décadas, en las dunas ásperas, aunque solidarias, del vilayato argelino de Tindouf. Pero igual que ellas, de forma incomprensible, crecen, los saharauis se crecen ante la adversidad, ante el muro del silencio, el acallado por la opinión internacional.

Y es que el conflicto es como un niño sordomudo.

-“Disculpe… (interrumpe un periodista al otro lado de la línea telefónica. A Abdati, se le ha derramado el té. Lo trata de secar con su pequeña camiseta. Le ayudo con unas servilletas de bar. ¿Qué me contaba de que el conflicto saharaui es como un niño sordomudo? Ya le sigo escuchando. Aquí hay cobertura”.

“No se preocupe”, le respondo. Sí. Es como Bouseid. El saharaui escucha por los ojos. Lee labios internacionales. Si besa es para hablar, para sentirse escuchado. Bouseid ha marchado de su hogar solidario en Euskadi agradecido. Anónimo. Tiene 8 años, sin embargo sus labios toda una vida: plena de silencio, como el muro de los suyos.

¿Y dónde reside entonces la solución para el conflicto del Sáhara Occidental?, me preguntará ahora por el móvil. Échele lo que le echaría un jovenzuelo de su edad: Lógica. La solución es como el pueblo de la RASD: se desplaza de un sitio a otro sin una residencia permanente. Es nómada. Es trotamundos en busca de hondear paz y derechos para sus ancestros. Su corazón y mente sí tiene residencia, patria, no vaga: es la identidad saharaui. El pueblo de Fale, de Abdati, de Zahra, de Bouseid, de Noha… viaja con ese conjunto de rasgos e informaciones que individualizan o distinguen a los suyos. Ahí se asienta la hayma identitaria común.

Un pintor de Ausserd, cosecha del 77, me habló en una bonita ocasión sin citarlo de esa identidad. Emigró a mis oídos con el propósito de que sus palabras gestaran óvulos fértiles en más personas, en potenciales lectores de periódico con sensibilidad social, política, solidaria hacia su pueblo en busca de redención. Así, él puso sus habilidades al servicio de su causa noble.

Me ilustró con la tradición de los libros de madera, aquellos que Bouseid puede leer en sus labios de artista de soberanía atacada, invadida, desterrada, desplazada, refugiada… La historia tiene su magia, su liturgia porque fueron (y  deben seguir siendo) la voz de su costumbre.

Sus ancestros no custodian nada escrito, todo lo han ido transmitiendo de generación en generación de forma oral a través de los siglos nómadas. Sí, los siglos también lo son. De oído en oído; de corazón en corazón. Estos libros de madera fueron cómplices del principio de todo. En ellos se escribían con carboncillo, por ejemplo, el libro sagrado de Paz, El Corán, capítulo por capítulo, o poesías y los saharauis los memorizaban de principio a fin.

El niño sordomudo, a diferencia de quien habla desde donde lucen servilletas de ‘Gracias por su visita’ en los bares, también sabe que luego se borraban con agua y esa agua se beberá. De este modo lo escrito quedará en cuerpo y mente, tal y como explicaba el guerrillero del pincel y la palabra.

Hasta el momento del exilio esto era así. Hasta los años 70 del siglo XX ese era el método de enseñanza. A partir de entonces, “se ha ido cambiando por las libretas”, lamenta. Y otras tecnologías de última generación creada por una sociedad global sorda y muda. Por ende, ciega.

Heridos por la historia de Marruecos, herido por la de Mauritania, por España…, lanzan un mensaje urgente a que se hable más de un muro de 2.700 kilómetros que ahoga a un pueblo soberano histórico. Buscan una solución a la tragedia, a asesinatos, a minas.

La opinión mundial se encoge con la caída del muro de Berlín –hoy de obligada visita turística crítica y multicolor-, del israelí sobre Palestina –cielo gris de odio y ambición-… pero, el saharaui llora que nadie sepa nada del inhumano suyo. No aparece en las noticias que está rodeado por 10 millones de minas antipersona, sin contabilizar las anticarro, por 120.000 soldados marroquíes.

El muro divide a familias enteras desde hace 37 años. En su interior, se estima que sobreviven con plantas de pies sangrantes medio millar de personas caminando sobre el filo del cuchillo; refugiados, alrededor de 180.000. Es un crimen contra la humanidad. También lo es que nadie sepa de él y de sus miles de víctimas: personas sin brazos, sin piernas… Algunos muertos con labios que ya no hablan, pero comunican llanto. Que no besan. A los que solo queda poder besar ya fríos y caducos.

En las wilayas, solo resta una forma de lograr el final, mediante la lógica del niño, de la niña, de la mujer, del marido, de la abuela, del abuelo, del recién nacido…: un lenguaje de besos para entendernos entre todos.

-”Disculpe, se ha cortado por un momento la llamada internacional… ¿Un lenguaje de qué?”

Iban Gorriti González

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Un pensamiento en “Gora bihotzak! (¡Arriba los corazones!). Besos para el muro del silencio

  1. Amigo Iban, eres una gran persona, un enlace de la solidaridad, un punto de apoyo en el que descansa la inteligencia del guerrero. Estamos con los saharauis y estamos contigo
    Dolores AGE

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