II Concurso Literario por un Sahara Libre!

La Metamorfosis

– He encontrado la solución para el conflicto saharaui –dijo al Rey de Marruecos su bufón.

El Rey se partió de risa.

– No, no, Majestad… Ahora no estoy de guasa, -replicó el cómico, muy serio.

– ¿Y cuál es? –preguntó el Soberano alauí.

– Hacer lo que yo suelo hacer.

– Pero si tú sólo sabes hacer tonterías para que los demás nos riamos.

– Pero lo que mejor se me da, lo que me ha hecho merecedor de vuestro aprecio, ¿qué es? Que soy un gran imitador.

– Así es –añadió el Rey.

– Se me acaba de ocurrir –continuó el bufón-, que, a lo mejor, para resolver el conflicto lo que hay que hacer es imitar: un nunca visto juego mediante el cual el ocupante habría de imitar al ocupado… esto es, que en lugar de convertir a los saharauis en marroquíes, procedáis al revés: que volváis saharauis a
los marroquíes. ¡Que convirtáis el Reino de Marruecos en la República Árabe Saharaui Democrática!

– No entiendo ni jota -dijo el Soberano.

– Consiste en imitar al enemigo para vencerlo. Ofrecerle el Estado que tanto desea, pero haciendo que tal Estado sea Marruecos, si bien rebautizado con el mismo nombre que ellos han dado a su república; adoptando además nosotros todas sus costumbres, leyes e instituciones. Los dejaríamos con un palmo de narices, pues, si nos volvemos nosotros el Sahara Occidental, ¿qué sentido tiene que quieran los saharauis separarse para constituir otro Estado también llamado <<Sahara Occidental>>?

– Y ¿cómo podemos hacer tal cosa? -preguntó el Rey, desconcertado.

– Como digo, imitando cuanto ellos han establecido allá en los campamentos de refugiados de Argelia: tomando el nombre de su Estado para el nuestro y el de su ejército, esto es, el de <<Frente Polisario>> para nuestro ejército; su Constitución y su forma de gobernarse; su moneda y todo lo demás…

– Pero, si nos convertimos en una república, me quedaré sin Corona.

– Aparentemente sí, aunque en realidad, seguiréis <<reinando>>, pues podéis proclamaros el Presidente de la República Saharaui y dirigente supremo del Frente Polisario.

– Eso es ridículo.

– Pensad que, si hacéis tal cosa, por muy repugnante que la juzguéis a Vuestra Dignidad, conseguiríais que esto se pareciera más al caso de Alemania o Corea que a uno de descolonización.

El Rey, al oír esto último, se sosegó un poco.

– De cualquier manera -continuó el bufón-, reitero que los cambios serán sólo en apariencia… y, al cabo del tiempo, lograda la anexión del territorio, podréis volverlo todo a como estaba al principio. El bufón insistió mucho en este último punto, lo cual tranquilizó más al Monarca, que dijo:

– Es un plan descabellado, propio de alguien que no entiende de política; pero, comoquiera que no tengo otro, podría intentar ponerlo en práctica, a ver qué resulta.

Y así, en los días posteriores, el Rey publicó a los cuatro vientos, que Marruecos se convertiría en el Sahara Occidental; si bien todas las naciones del mundo y el Frente Polisario, creyeron que era una broma.

Pero el Rey pasó adelante y no tardó en anunciar que el nombre oficial de su reino sería <<República Árabe Saharaui Democrática>> y, por tanto, sus súbditos se llamarían <<saharauis>>. Los marroquíes, como confiaban totalmente en su Soberano (cuyo poder, según se creía, tenía origen divino) aceptaron sin queja tal novedad; pero a los saharauis les pareció muy mal y dijeron que el Rey estaba pasando de la raya con tales tonterías.

Cuando vieron cómo Marruecos tomaba por bandera la del Sahara y que dicha enseña se izaba en todos los edificios públicos y embajadas, en cuyas puertas ahora colocaban letreros con las siglas R.A.S.D. cayeron en la cuenta de que el Rey no estaba bromeando.

Y las reformas no pararon ahí. En pocos meses, adoptó todas las fiestas saharauis y trasladó las sedes de las Corporaciones más importantes de Rabat a El Aaiún.

La perplejidad de los saharauis era enorme.

Curiosamente, con tales disparates, ocurrió lo que el Rey tanto había esperado: que varios extranjeros –incluidos funcionarios de la ONU, que estaba harta del conflicto- dijeron que aquél era el plan más ingenioso que se había propuesto.
(Es que lo estrafalario tiene un extraño atractivo que lleva a que los que primero se ríen, después digan que no está tan mal).

El Enviado Especial del Secretario General de las Naciones Unidas visitó a los refugiados de Argelia y les dijo que a él le gustaba el plan, porque, si lo que querían era un Estado independiente, no otra cosa les estaba ofreciendo ahora
Marruecos; pero los saharauis insistían en que aquello no respetaba el derecho a la libre determinación.

A vista de tales alegaciones, el Enviado Especial se fue a Marruecos a ver al Rey y le propuso que hiciera más cambios, que podían ser, en su opinión, el aplicar efectivamente la Constitución y las leyes saharauis en Marruecos; las cuales,
aunque se habían adoptado, todavía no se habían aplicado, porque trataban de asuntos que no gustaban al Monarca como la elección democrática de los cargos públicos, la educación universal pública y gratuita y otros derechos sociales… Tal sugerencia le puso cuidado al Rey; pero las palabras de su bufón le devolvieron la calma:

-¿Es que no veis que ya los tenéis en el puño, Majestad? ¡Sólo hace falta un pequeño sacrificio de vuestra parte para alcanzar lo que tanto habéis soñado! No echéis el pie atrás.

– Ciertamente -dijo el Rey-, no sé por qué me asaltan las dudas. Tú me has puesto en muy poco tiempo a punto de conseguir lo que ningún consejero ni ministro en casi cuarenta años…

– Y aun podríais hacer otra cosa mucho más espectacular, que los dejaría a todos boquiabiertos –añadió el bufón.

– ¿Cuál? -preguntó el Rey.

– Podríais deponer a vuestros ministros y prefectos y nombrar en su lugar a los del Frente Polisario.

– ¡Eso es una majadería! Pero, aunque lo hiciere, estoy seguro que los del Polisario no aceptarán colaborar conmigo…

El bufón le aconsejó que usara de mediador al Enviado Especial, pues los saharauis aunque no se fiaban del Monarca alauí, siempre habían colaborado fielmente con la ONU.

Y el Enviado Especial fue a ver si convencía a los del Polisario, apelando a que <<demostraran su buena voluntad>> (expresión que siempre se usa para obligar a alguien a que haga algo que le desagrada), aceptaron, aunque con la condición de que funcionarios de la ONU los protegieran por si el Rey de
Marruecos intentaba algo contra ellos.

Y así se hizo; y dichos notables saharauis, aunque a regañadientes, estuvieron varios años observando las reformas; pero como tampoco esto conseguía doblegar al Frente Polisario, el Rey volvió a pedir consejo a su bufón:

– Me parece -dijo el cómico- que lo que hace falta es algo aún más espectacular. Por ejemplo, que celebréis elecciones democráticas a la Presidencia de la República y que permitáis que el candidato que compita con vos sea el del Frente Polisario.

– ¡Canastos! –exclamó el Monarca aluí, ¿y no será peligroso para mi Corona?

– La mayor parte de esta <<República>> son vuestros súbditos; por lo cual, obviamente, votarán por vos.

– En fin, confiaré en ti una vez más -dijo el Rey.

Y convocó elecciones, porque le parecía que lo tenía todo atado y bien atado.

Pero perdió.

Es que lo que no habían advertido el Rey y los suyos (que vivían en lujosos palacios, alejados de los que ellos consideraban <<plebe>>) era del gran cambio que había ocurrido en la sociedad marroquí en los últimos años…

Aunque hecho todo con mera intención de transitoriedad, los ciudadanos marroquíes se habían acostumbrado a disfrutar las libertades de la Constitución y las leyes saharauis, aseguradas por los ministros y prefectos saharauis que siempre habían obrado con lealtad y buena fe…

También, a fuerza de repetir a los marroquíes que eran saharauis, ellos mismos lo habían hecho suyo también… ¡Paradójicamente, porque creían que las decisiones de su Monarca eran indiscutibles por derecho divino!

Y, por más que el Rey intentó alguna argucia para no perder el poder, no lo logró; pues, por consejo de su bufón (y mediación de la ONU) había llenado todos los cargos públicos de saharauis, como ya hemos dicho.

Pero antes de ser despojado de su Dignidad Soberana, se lanzó al bufón para estrangularlo.

Tras darle muerte, se descubrió que el cómico era saharaui y que, por eso, sabía tan bien imitar: porque, desde pequeño, había tenido que fingir que era marroquí para poder prosperar.

Y, desde entonces, hay un Estado en el Norte de África muy extenso y rico, democrático y libre que abarca desde Tánger hasta La Güera y que se llama <<República Saharaui>>; no <<Reino de Marruecos>>.

Dámaso Suárez Iglesias

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