II Concurso Literario por un Sahara Libre!

Y viviremos por la libertad

He encontrado una solución para el conflicto saharaui. Más bien, hemos. Aunque sería más justo decir que la solución siempre estuvo ahí. Que ya todos sabían que hacer, pero les faltaba la voluntad para ello. Todo se basaba en un conjunto inexorable de intereses económicos y políticos, dejando de lado el mayor interés del mundo. La vida de sus habitantes.

Paseo por la enorme duna de arena que me permite ver todo aquello que ahora me hace feliz. Entre otras cosas, la enorme dicha que me produce no cargar un arma, no temer por mi vida ni la de mis hermanas y hermanos. Yo era una militante del Frente. Bueno, lo sigo siendo. Pero por fin podemos dedicar nuestros esfuerzos a lo que siempre habíamos querido: ayudar a nuestra gente a prosperar en un país libre, seguro e independiente.

Miro hacia el este. Grupos de civiles y soldados marroquíes trabajan afanosamente a lo largo del Muro. Se llevan piezas, desactivan minas. Ya hay varios pasos libres y muchas familias han podido por fin reencontrarse tras años de sufrimiento. Para nosotros, es como un sueño: ver como el causante de nuestras mayores desdichas desaparece bloque a bloque, tramo a tramo. Fue lo único que exigimos al Gobierno Marroquí a cambio de su perjurio, que ellos mismos desmontasen aquella aberración. A muchos les pareció poco, pero creo que es lo mejor que podríamos haber pedido.

Me giro hacia el otro lado, hacia el mar lejano, donde barcos españoles atracan en los puertos, trayendo a trabajadores y voluntarios que se han ofrecido con todo su amor a ayudarnos a recuperar nuestra tierra. Eso me hace recordar los sucesos de los últimos meses.

Todo empezó con las protestas. El mundo estaba, y sigue, sumido en una crisis económica y política muy fuerte. Cada país tenía sus problemas y sus dificultades. Pero a nuestro país lo estaban matando, día a día, hora a hora. Un grupo de activistas empezó a organizarse a través de revistas y de forma virtual. Los diversos y variados grupos de defensa del pueblo saharaui de cada región comenzaron a unirse con manifestaciones cada vez más fuertes. Hacían visible nuestro problema a través de pancartas, de panfletos y revistas. Salíamos en los medios de comunicación: radio, televisión, páginas web… La gente tomó consciencia de lo que realmente estábamos pasando, y empezaron la recogida de firmas.

Éstas tenían como primer destino los gobiernos de cada pueblo, pero su verdadero objetivo era el único que podía, y debía, hacer algo en todo esto. La Organización de las Naciones Unidas. Cartas, reclamaciones, firmas, críticas… Toda una avalancha de presión llegó hasta la organización. El apoyo era tal que incluso sectores minoritarios de la población marroquí nos apoyaron de forma
clandestina. Finalmente, tras largo tiempo esperando, la resolución de la ONU llegó.

Esta vez actuaron de forma diferente, siguiendo el consejo de muchos de los grupos activistas. El primer paso fue el bloqueo de Marruecos hacia Europa. Se rodeó toda la costa, hasta la entrada al Sahara Occidental, de manera que no se podía comerciar ni obtener recursos de ningún lado. El principal atractivo económico de la ocupación les fue negado y la guerra para evitarlo era impensable. El bloqueo estaba perpetrado por muchos países: España, Italia, Alemania… Incluso Estados Unidos, pese a no intervenir directamente en el conflicto, lanzó un comunicado apoyando la acción en vías del desarrollo de la libertad y la autogestión de un pueblo invadido. Curiosa misiva viniendo de ellos, pero que claramente cortó las opciones a Marruecos.

Tras un par de meses de presión, la ONU lanzó una resolución en la que exigía el desalojo de las fuerzas de seguridad invasoras, un pacto de paz y colaboración entre los dos pueblos y una red de comercio entre Sahara y Europa. Al fin y al cabo lo que seguía importando era dinero y política.

Para nosotros era más que suficiente. Poco a poco se fueron cumpliendo las exigencias. El muro iba cayendo, cada día nos llegaban más ayudas y el ejército ya había desalojado la región. Ahora, codo con codo, trabajábamos en reconstruir nuestro hogar.

Mi mente vuelve a la duna en la que me encuentro varada, con una sonrisa sincera en la cara. Bajo lentamente hacia el mar, hacia el pueblo. Todavía nos quedan muchísimas cosas por hacer. Sitios que arreglar, familias a las que alojar, recursos que recuperar… Pero vamos por buen camino.

Hemos conseguido forjar nuestra independencia sin guerra. Tenemos mucho que agradecer a tantos, pero no debemos olvidar nuestro propio mérito. Nuestra resistencia y nuestra insistencia. El pueblo saharaui ahora debe defender lo que tanto le ha costado conseguir. Debemos ayudar a los que sufren como nosotros ha salir como hemos salido. Seguiremos con nuestros principios y nuestras ideas y lucharemos y viviremos por la libertad.

Carlos Gustavo Prats Marrero

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